26 de diciembre de 2013

NOS HEMOS TRASLADADO

Estimados lectores, nos hemos trasladado a www.elhogardelasemociones.com puedes seguir leyéndons en la nueva dirección, esperamos que os guste.

En breve este dominio de blogspot dejará de funcionar.

Un abrazo y felices fiestas.

18 de diciembre de 2013

ELLA (Un cuento de Navidad)


Foto sacada de la red
Inexorablemente las manecillas del reloj, las hojas del calendario, caían como el hacha del verdugo e iban marcando de una forma lenta, pausada pero firme la llegada de una de las épocas más odiadas en su vida. Oía ese "tic-tac" y lo único que su mente podía imaginar era el deseo de alejar esas fechas, de dormirse un día y despertar 2 semanas después.

Estas tenían que ser unas fiestas diferentes, esa era su lucha interna pero la cruda realidad golpeaba con el mazo con toda su fuerza y, peor que bien, iban a ser unos días similares a los anteriores, similares a tantos años de lucha, de hipocresía, de estar felices, simplemente, por ser esos días...

¿A qué se debía esa repulsión a fechas tan entrañables? El era una persona sensible, con corazón, con una sentimentalidad a flor de piel (¡cuántos quebraderos de cabeza le provocó!), y tenía que sentir por esas fechas, cuanto menos, apego. Pero no, no era así.

Lo único que le apetecía era dormir, alejarse, aunque fuera momentáneamente, de aquellos oscuros pensamientos.

Recostado en el sillón de su casa, con el alma somnolienta y los ojos entornados, rememoraba febrilmente recuerdos buscando un momento al que poder "acogerse", un instante al que poder aferrarse en el que esas fechas tuvieran un aliento de vida, un halo de felicidad...

Su mente viajó a un lejano día de diciembre a la terminal de un aeropuerto, donde se encontraba mirando, devorando quizá un panel por saber, por averiguar, casi por adivinar cuanto faltaba para que llegara ella. Los segundos se hacía minutos y los minutos horas, tal era el deseo de verla, de estrecharla entre sus brazos, de saborear la miel de sus labios dulces.
El pensamiento era único, verla, sentirla cercana, transformar esos abrazos virtuales, profundos pero no "reales", en auténticos.

Y un maremágnum de personas desfilaban por la puerta que unía la terminal y su cabeza quería salírsele del cuello por estirar la mirada para divisarla, para por fin, contemplarla y disfrutar de esa grandiosa vista, de ver a su querido amor. Al fin divisó una melena rubia en lontananza, y comenzó a frotarse imaginariamente los ojos para comprobar si la visión que sus ojos le ofrecían a lo lejos no era producto de su imaginación, no era su corazón que le jugaba una mala pasada; y no, su mente nítida le devolvía una respuesta añorada, esperada largo tiempo, si, es ella, tus ojos no te están engañando. Se acercaba con paso firme, el imaginaba verla flotar a través del pasillo y empujando el carrito con sus pertenencias y una radiante sonrisa dibujada en esos labios de miel que produjo el efecto contagioso en su mente, copiándose, eso pensaba él, la misma sonrisa en los suyos.

La complicidad fue inmediata, esas miradas se fundieron en una sola, esas sonrisas conformaron casi una carcajada y un color anaranjado, casi rojizo se afianzó en las mejillas de ellas y una leve llamarada de calor acudía con presteza a las suyas y, como si un cristal les separaba se quedaron inmóviles, uno frente al otro, como almas infantiles sin saber que hacer... Todo el sentimiento acumulado durante largos meses quedó ahí en ese imaginario cristal, gracias a Dios el momento duró solo eso, solo ese instante fugaz pues él se adelantó mínimamente, le ofreció su mano y el abrazo entre ambos cayó rotundo, fuerte, duradero y no solo se fundieron sus cuerpos, tanto el como ella sintieron como sus almas, como sus corazones salían de sus propios cuerpos para unirse en el etéreo mundo del sentimiento.

Fue un visto y no visto, el mundo desapareció a su alrededor y solo habitaban en esa terminal aeroportuaria ella y el y la sublimación de un deseo largamente anhelado en forma de abrazo sentido, de abrazo correspondido, de unión de dos almas que, contra viento y marea, habían luchado por llevarlo a cabo. El mundo se paró en ese instante, los tic-tacs de los relojes se ralentizaron hasta incluso detenerse dentro de sus mentes y, sobre todo, dentro de sus corazones. Era la manifestación sublime de un amor, de un deseo, de una necesidad, de una pasión...

Y se deshizo el hechizo, la realidad se imponía, tiempo habría de volver a magnetizar el momento de ese encuentro, ahora tocaba volver al mundo, bajar de la nube que ese abrazo los había transportado, se imponía el momento de "desandar" el camino de ida para llegar al sitio indicado donde poder conversar, donde poder intercambiar las palabras que había sido retenidas durante esos meses de separación.

¡Despertó!

Un fuerte impacto se sintió muy dentro de él, en las mismas entrañas, una punzada hiriente se retorcía en sus entrañas al comprobar que había sido un sueño, solo un sueño, una preciosa ensoñación de un momento real vivido con pasión, vivido con absoluta realidad y notó dentro de él mismo como la herida punzante se transformaba en dulce melancolía, para dar paso a una controlada felicidad por haberse permitido acordarse de ella.

Ella marcó un momento de su vida, ella supuso vivir una Navidad diferente, llena de luz, de ilusión. Ella fue esa estrella errante en su corazón solitario.




Hoy voy a hacer un pequeño "anexo" del cuento, el cuentecito se llama Ella (She en inglés), pues nada mejor para poner colofón al relato que compartiros la canción "She", cantada por su autor, el gran Charles Aznavour y con el vídeo-clip de la película donde suena, "Nothing Hill".
Supongo que os gustará porque es una canción preciosa.


Permitirme, para finalizar, una pequeña dedicatoria, a una buena amiga Marina Carbonero, este cuentecito ha sido motivado por ella porque me dijo que no quería otro relato triste, pues aquí lo tienes querida Marina, un cuentecito con final alegre. El recuerdo de "ella" le servirá para tener una Navidad, un poco más alegre.

Aprovecho estas líneas para desearos, a todos los que paséis por aquí y que leáis mi cuento, unas muy felices navidades, que cada cual lo celebre como quiera y desee, que no haya imposiciones, que no haya hipócrita alegría y quien lo esté pasando mal, que sepa que, seguro. hay alguien acordándose de ellos y que no les obliga a estar contentos, "porque es Navidad". Y que no nos olvidemos de una cosa importante, por lo menos para mi, Navidad no es una fecha en el calendario, es una actitud y tiene que ser llevada los 365 días del año.
¡Muchas felicidades!  


5 de diciembre de 2013

DESESPERACIÓN



Imagen tomada de: fotolog.com

Agotado, sin asomo de fuerza que pudiera ayudarle a levantar la cabeza, con el pensamiento inscrito en el círculo vicioso de su frenética desesperación, porque de eso se trataba, de una desesperación que no tenía ningún viso de acabar, y el cansancio dejaba su huella inscrita en la mente y en su corazón, hacía mella, dejaba la herida sin solución, sin restañarse, sin cerrarse, de una manera lógica, de una forma coherente.

Una herida que no había cicatrizado nunca, siempre abierta, siempre sangrando de una forma sutil pero en algunas ocasiones lo hacía a borbotones y en ese momento de su existencia, los borbotones salía como una corriente, como un salto de agua alejado mucho metros del suelo. Crujiendo cuando llegaba al mismo y provocando que las salpicaduras azotaran lo más profundo de su ser y aparecía el cansancio, el agotamiento, la desesperación.

No había forma de pararlo, (¿o si?) No, no era la manera, no era la solución, pero si, si que había un camino que tomar, una senda de espinas, de piedras dañinas para un corazón "descalzo". Agotamiento, cansancio, desesperación y por qué no, abatimiento cubrían su alma, tapaban su poros, cerraban herméticamente su vitalidad que, por otra parte, ya se iba escapando paulatinamente.

Los ojos se entrecerraban, en un combinado de sueño, melancolía, cansancio y tristeza y afluían oscuros pensamientos como funestas ensoñaciones, no podía ser de otro modo. El sueño le venció al final.

Y por su mente pasaron recuerdos, volvieron temores de antaño, gruesas lágrimas de tristeza debían resbalar por su mejillas otrora regordetas de vida, hoy famélicas de sensaciones; quiso despertar, quiso borrar de un plumazo aquella negrura de su alma, pero era imposible, no podía quitarlos de su mente, de su corazón resquebrajado, perdiendo, gota a gota, su vitalidad. No sabía como, pero no era capaz de despertar de su propio sueño.

El castillo lúgubre de su infancia volvia a su recuerdo, más oscuro si cabe, más tétrico si era posible, y aquel siniestro personaje envuelto en la capa que lo esperaba nuevamente, le llamaba, le decía que fuera a él. Algo lúgubre, siniestro y tétrico le empujaba hacia el personaje, hacia el espectro que esperaba a la puerta del lugar.

Nunca había llegado hasta aquí en su ensoñaciones infantiles, siempre al ver el castillo, al avanzar hacia la entrada se había despertado, sudoroso, con el miedo dentro del cuerpo y con los ojos completamente rebozados en lágrimas.

Este sentimiento, este recuerdo del súbito despertar fue lo que hizo que Luis abriera los ojos y no, no estaba sudoroso, tampoco anidaba el miedo dentro de él, pero si, los ojos si estaban empapados en lágrimas, gotas de vida que se le escapaban por los ojos, como la puerta abierta del alma por donde, en forma de gotas se le iba la propia vida...

¿Por qué esa ensoñación ahora? Era una etapa de su pasado superada (¿o no?), al menos es lo que pensaba y la verdad era que hacía mucho tiempo que el fantasmal castillo no aparecía en sus sueños. ¿Por qué motivos volvía a enraizarse coléricamente dentro de si?

Los mazazos que sufría y que eran los motivos de las ensoñaciones, golpeaban en su recuerdo y dolía nada más sentir de nuevo el hecho de "verse" como "escudo humano" a esa edad tan temprana... no había derecho a que hubieran sesgado de esa forma abrupta la infancia de ese pequeñuelo, de esa persona que solo ansiaba vivir como correspondía a un niño de 5 años o quizá menos, en la edad donde los niños suelen empezar a tomar sus primeras decisiones morales y encontrarse con el espectro, con la pesadilla de tan ingrato recuerdo (¿solamente ingrato, solamente ese leve calificativo?), de sentirse usado como parapeto humano, cuando aun no había despertado su gran humanidad, su noble corazón.

No había derecho y el recuerdo viajaba con Luis, convivía con él, la mayoría de las veces dormido pero en algunos momentos, ese espectro, ese fantasma del pasado regresaba, retornaba, con toda su crudeza, a su sangrante corazón.

La desesperación era fiel compañera ante la mínima evocación de la, igualmente desesperante, ensoñación, muchas veces había pensado en borrarla, en que no hubiera existido, pero los acontecimientos sucesivos en la vida de Luis no podían borrarlo, suprimirlo definitivamente, cada fin de semana, cada noche de viernes, el castillo, aparecía en las pesadillas de ese niño. Y con ese triste pensamiento, la mente del ya adulto muchacho rememoraba aquellos lejanos, pero a la vez muy presentes, recuerdos.

Pasado y presente, iniciaban, o mejor dicho, seguían llevando a cabo una lucha fratricida, un duelo del que, como la famosa película, solo podía quedar uno.

Despertó por fin, serenó su inquieta alma, frenó el ímpetu; el fantasmal recuerdo se alejaba, pero simplemente se retiraba del recuerdo, la acción, la presencia del propio hecho evocado no desparecía, solamente se apartaba por su bien mental.

Un nuevo día despuntaba, el sol invariablemente salía, en su corazón también, confiaba, creia en ello de una forma feroz, y cada día el sol del amanecer borraba, o mejor difuminaba, los amargos recuerdos en esa infancia agridulce...


1 de diciembre de 2013

Luzma nos grita lo que siente

Soy Luzma,  y quiero gritar que extraño a mi ex, pero la distancia, la falta de interés por él y los compromisos de ambos nos alejaron. 

No quiero pero ya se rompió esto y no término por aceptar la realidad.

(Gracias Luzma por compartir con nosotros lo que sientes. Mónica).

21 de noviembre de 2013

19 de noviembre de 2013

PENSAMIENTOS



Quiso retirarse pronto, la mente bullía en una espiral infinita y la soledad era, en este instante el mejor aliado; quería poder analizar de forma simple, pero al mismo tiempo completa, todos los acontecimientos que se iban desarrollando muy cerca de él. Era el momento adecuado, era el momento justo, preciso, de analizar ese espejo, esos espejos, tanto el que el, sin desearlo, fomentaba, como en el que el mismo se reflejaba, era algo difícil, complejo de entender.

Ese retiro físico, necesario, imprescindible fue convirtiéndose en retiro mental, en descanso y paz espiritual que, por otra parte, era lo que más necesitaba para poner orden en tanto fluir sin descanso, pensamientos, a veces positivos y algunas veces, más de las deseadas, negativos, de aquellos que, sin darse cuenta, herían y sajaban su alma y su maltrecho corazón.

Era una hiriente dualidad lo que se presentaba al la vista de su abatido ser, una dualidad que si, hería en su más profundo sentimiento, cortaba, cual afilado bisturí las fibras sensible de su alma y su mente parafraseaba a Rubén Darío con su ser y no saber y ser sin rumbo cierto, pues no hay dolor más cierto que estar vivo...

Si, su mente delirante le provocaba a afirmar que la vida era un inmenso dolor, una inmensa agonía sin punto de retorno y, en cierta medida, en los momentos en los que la dualidad hería, Luis estaba completamente de acuerdo con las palabras del gran Rubén, pues muchas, demasiadas veces, no había mayor dolor que el simple hecho de vivir, que la simple constancia de estar en este mundo...
No podía comprenderlo, no podía soportarlo cómo, de su propia mente, salían esos pensamientos, no podía ser verdad que la vida era un sufrimiento constante, vital, perdurable e infinito. El vitalismo que siempre presidió su propia vida se resquebrajaba por todos los lados imaginables, por todos los poros de su ser, por todos los rincones de su sentimiento.

Y la veía cerca, la observaba como avanzaba, como iba comiéndole terreno en su ser, en su esencia, en su interioridad y lo más doloroso es que, al mismo tiempo, dentro de él, se producía una pseudoconsciente condescendencia de aceptación de la cruda realidad. Y una pregunta, aunque planteada de maneras diferentes, retumbaba dentro.

¿Cómo ser al mismo mismo vida y no-vida?

¿Cómo poder aceptar la realidad y al mismo tiempo mostrar que no se tiene?

¿Cómo ser y no saber nada....? (Volviendo a parafrasear a Rubén Darío).

Martilleaban su mente, no era posible deshacerse de ellas, resonaban una y otra vez como ese timbal descompasado o esos platillos aturdidores, machacaban su pensamiento y, lo que era más duro, su sentimiento. Y todo se unía con la constancia real, fehaciente, comprobada del rechazo que sufría a diario, de día y de noche, sin descanso, sin receso, sin tregua...

La vida, su vitalidad se escapaba a borbotones por esos agujeros en sus poros, por esas sajaduras que el bisturí de su mente había provocado, había realizado y que eran de difícil sutura pero no queda otra, no queda otro camino que recorrer...

Las letras de una preciosa canción de Joan Baptista Humet resonaban y el título de la canción "Hay que vivir" se afianzaba en su maltrecha condición:

"Habrá que hacernos a la idea que sube la marea y esto no da más de si.
Habrá que darnos por vencidos y echarnos al camino que no hay norte por aquí.....

Hay que vivir amigo mio, 
antes que nada hay que vivir, 
y ya va haciendo frío, 
hay que burlar ese futuro 
que empieza a hacerse muro en ti."

30 de octubre de 2013

TRISTEZAS



Hoy siento el aroma de la despedida, el rumor cercano del adiós que "ruge" dentro de mi golpeando el sentimiento y haciendo salir fuera aquellos minúsculos placeres que, de una u otra manera, no tenían más remedio que salir. Todo era cuestión de tiempo, cuestión de necesidad; triste, pero real como la vida misma...
Las nota de Gardel tintineaban en su cerebro, "adiós muchachos, compañeros de mi vida..."



Con estas lapidarias palabras iniciaba una lectura de algo que cayó en sus manos.

Las lágrimas acudían a sus ojos, humedecían su rostro y "herían" su corazón, no podía ser y un triste lamento recorrió su mente, se instaló en su alma, se hundió en su corazón y quiso escaparse con un largo suspiro, pero no, no pudo salir de su interior, desde el profundo y maltrecho sentimiento, agonizante por los avatares de la vida, del voluntarioso Luis.

Era él, era su visión, era el sentimiento que anidaba dentro, muy dentro. Esas palabras le devolvían su imagen, cual espejo maldito, de despedida, de querer decir adiós muchachos, adiós amigos, adios a todos.

Y la tristeza, la fiel compañera de siempre volvía en toda su “grandeza” para anidar en su alma, para entablar una larga y duradera relación con él mismo.

Siempre encontró el espejo muy cerca, demasiado cerca, siempre su imagen deformada pero real, se veía día a día, enfrentada a él, para darse una lección y por ello, la humildad fue la principal lucha de Luis, pelearía por esa humildad, pelearía por su generosidad, sufriría por ser a su manera, y volverían a su mente los sueños recurrentes, esos sueños de tiempo y ausencia que durante toda su vida habían estado ahí, presentes siempre, presentes y reales.

Lo echaba de menos, echaba de menos ese contacto cercano, generoso y echaba más de menos la certeza de no poder, de no tener tiempo en la vida para volver a sentirlo, de volver a experimentarlo.

- ¡Cuánto echo de menos un abrazo! -

Y volvió a repetirse la voz en su interior:

- Si Luis, echo de menos un abrazo, cálido, sentido, real, verdadero... -

Esa voz se reiteraba una y otra vez en la mente y le revolvía el interior, en los momentos duros siempre había tenido ese abrazo acogedor, ese abrazo que reponia su maltrecha alma, pero en estos momentos de travesía, en estos momentos de singladura en solitario no aparecía ese abrazo en su rincón del alma destinado a ese gesto. Y lo echaba de menos, mucho, con todas sus fuerzas deseaba poder tenerlo, que le reconfortara su más interno ser.

La notas del “adiós muchachos...” volvían a su mente, lentas pero rotundas, inexorables para enraizarse dentro de su corazón...



Antes de cerrar este post, quería deciros una palabras, lo primero agradecer a Mónica García la oportunidad que me dio de publicar mis cuentos, mis sentimientos en este blog y a Ana Carmen Moruga por ser la vía, el hilo que me unió a este precioso "Hogar de las emociones".
Vuelvo a publicar en esta casita después de que me pidieran colaborar en dos grandes blog "Pescando palabras y redes"de la amiga Montse Rius y en "Los libros y Puri" de la escritora granadina Puri Estarli. (Os los recomiendo). Desde aquí también dar las gracias a ambas.

17 de octubre de 2013

Tócala otra vez viejo perdedor


Por todos nosotros... 

Por cada una de las caidas...

Por cada vez que me he levantado...

Por cada vez que he llorado...

Por cada vez que las seque, y continue silbando esta canción.

No te rindas... 

10 de octubre de 2013

YO QUISIERA



Quisiera tener la serenidad necesaria para medir y dominar el alcance de mis pensamientos, de mis palabras, de mis actos.

Quisiera poder razonar fríamente, sin que fuese mi corazón el que gobernase mi mente y sin que mis decisiones estuviesen regidas por la sinrazón de perseguir lo imposible.

Quisiera no sentir este fuego que me abrasa interiormente, haciendo que ninguna otra cosa tenga importancia más que seguir soñando y luchando por lo que quizá nunca ocurrirá.

Quisiera no pensar en ti en cada momento, quisiera no ver tu cara sonriéndome en cada persona de las que me rodean, en cada espejo, en cada esquina, en cada hoja de papel.

Quisiera dejar de hablar contigo cada día, dejar de preguntarte tu opinión, dejar de buscar tu sonrisa y tu complicidad, dejar de cogerte de la mano, dejar de acariciarte, aun sabiendo que en ninguno de esos momentos estás siquiera a mi lado.

Quisiera no depender exclusivamente de una sola de tus palabras para que en mi cara pudiese aparecer una sonrisa sincera, abierta, resultado de la más pura felicidad.

Quisiera olvidar que me basta con pensar en ti para que todo cobre sentido y todo sea sencillo y alcanzable, para que lo imposible deje de existir y para que mis sueños cobren forma y pasen a ser mis metas.

Quisiera dejar de revivir un día tras otro la última experiencia vivida, grabada con tanta intensidad, y estar seguro de que no es fruto de mi imaginación ni de uno de mis sueños, sino que fue real, y que eras tú quien estaba allí, a mi lado, que era tu cara y tu cuerpo lo que yo acariciaba y rodeaba con mis brazos.

Quisiera ignorar que conmigo se quedó para siempre un trocito de ti, dentro de mi corazón, al igual que se quedó dentro de mi mente.

Quisiera no creer que en ti quedó, al menos, una pequeña parte de la misma sensación imborrable que desde entonces preside mi vida, una sensación igual de intensa, de impactante, de ardiente, una sensación tan vívida, tan sincera.

Quisiera dejar de imaginar que, de un modo u otro, un día no muy lejano, simplemente, ocurrirá, dando paso a un maravilloso mundo de vivencias compartidas, de alegrías sin fin y de proyectos vitales sin igual que crearemos con toda la pasión que compartimos y desbordamos.

Quisiera que las mariposas dejasen de revolotear en mi interior, cesando esta maravillosa y simultánea sensación de libertad y de esclavitud.

Quisiera dejar de volar pensando en que tú eres mi cielo, mi único y exclusivo cielo, dejando de ver este brillante e inabarcable infinito que me rodea, un horizonte sin límites, en el que todo parece posible y al alcance de la mano con tan solo proponérmelo.

Quisiera poder desprenderme de todas estas agridulces sensaciones y poder estar en paz cada momento, cada día, volviendo a la rutina que presidía mi anodina vida.


O quizá no. Quizá nunca quiera hacerlo. Quizá mostrarme apasionado y soñador, y luchar por lo imposible, no sea tan descabellado, aun cuando absolutamente nada me dé la mínima esperanza al respecto. A fin de cuentas, nada he de perder más que la ilusión de volar, así que quizá, en el fondo, prefiera seguir engañándome a mí mismo y quedarme con un ¿y por qué no?





Para ti, con todo mi cariño y gratitud, por tu capacidad de provocar emociones indescriptibles y desconocidas con tan solo una de tus maravillosas miradas






Al

21 de septiembre de 2013

Despertó

Fotografía: Daniel Barbero Salado



Me desperté, y no te vi,

sentí el aire frío de la desesperación
recorrer mis mejillas, mejillas
en otro momento cálidas por esos besos bañadas.

Aún te tenía en mi recuerdo de una forma sugerente...
Me desperté, y no te vi, te fuiste
susurrando aquello que más sentía,
el pesar, de no verte, de no sentirte,
de no poderte amar.

Mi alma profunda te busca,
ansía verte, acariciarte...
Me desperté y no te vi,
dentro de mi, siempre,
siempre estará esa oquedad
que dejó huella dentro de mi corazón.

un corazón partido en dos pedazos,
roto quizá de tanto usarlo,
desesperado de no verte,
sentirte, amarte.

Vuela, libérate de todo lo que te pesa,
suelta el lastre que te impide despegar,
aqui estaré, mis brazos te darán cobijo,
mi alma te acogerá de una forma leve pero firme,
te consentirá como nadie.

Me desperté....


Despertó.

Los ojos entrecerrados, el pensamiento libraba batallas internas para distinguir lo que había de verdad, y lo que aun quedaba de componente onírico. Intentaba desperezarse mentalmente en su yo interior, en su yo "libre", en donde aún no habían podido entrar para "arrarsarlo"; era su resquicio de libertad. Imaginaba un mundo lastrado para poder despegar, para poder sobrevolar su propio desespero pero la fuerza de su querer podía más, e intentaba lanzar al aire aquello que le molestaba, aquello que no le servía. Pensaba en como poder liberarse del lastre que tanto le pesaba, de todas la "maletas" de las que iba tirando y el frescor de la mañana, las gotas de lluvia que repiquetaban en los cristales le fueron despertando a una nueva ilusión, un deseo de separarse de todo lo que le molestaba, de todo lo que "tiraba" de él hacia atrás.

- ¿Cómo estás, Luis? -

Sobresaltado por la voz, Luis miró, aún con los ojos medios cerrados, a su alrededor pero nadie pudo hacerle esa pregunta, la soledad era "fiel" compañera y escrutó su interior y así era, esa pregunta salía de su yo interno, de su más íntimo pensamiento. Se estremeció, no llegó a miedo, pero si sintió inquietud al "oirse" preguntarse a si mismo.
Quiso responderse y con hilo de voz, debido al sueño, todavía presente en su cuerpo (¿o no?)

- No lo se. No puedo pensar en cómo me encuentro, en cómo estoy. - Se respondió.

Y dentro de su mente comenzó a resonar una carcajada fuerte, si, el mismo se reía de él. No lo podía creer que se riera de si mismo pero, ¿era reírse de él o con él?

Quiso despertar totalmente, quiso poder liberar la mente del sufrimiento, quiso llegar a su manera a ese final y lo que llegó fue la commprensión, el alma y el corazón de Luis dieron una "vuelta de tuerca" hacia ese chispazo de luz, "ELLA", la esperanza volvía, le "correspondía" aparecer, pues en los momentos de más oscuridad que sufría su interior, siempre recurrió a "ella" pero hoy se resistía a ofrecer su manto, su cobijo y la risa irónica, esa que tanto le gustaba a Luis, esa que había tenido que aprender, esa nuevamente aparecí en su mente preguntándole:

- ¿Por qué piensas en ella? -

- Es la fuerza que me sostiene, que me inspira, que me ayuda. - "Se respondió" Luis.

Y así se despertó, así intentaba borrar de su mente todos esos pensamientos que enturbiaban su día a día. A su manera quiso volver al final.

Despertó...

7 de septiembre de 2013

A su manera

A SU MANERA

Foto: José M. Cabrera Vílchez. Sierra Nevada. Pico del Veleta.

     Siempre había tenido Luis un algo especial con esta canción, aún era un crío y le llamaba la atención, aun sin saber lo que decía Frank Sinatra. Pero esa melodía, ese "in crescendo" de la propia canción para llegar al "éxtasis" final y ese concluir suave, se parecía a la misma vida que, durante el periodo que estás en ella va "creciendo" hasta que llega lo inevitable, ese clímax ulterior que da paso al tránsito, suave, melodioso, casi sin hacer ruido... Al enfrentarse a la letra de la canción, en inglés y entender "And now, the end is near...", y saber que ahora que el fin está cerca... Se habían acabado las dudas.

     Luis había aceptado, (¿seguro?) los retos que la vida le había propuesto. Si, las aceptó intentando superar aquellas que le desagradaban o que, simplemente, no compartía y se mantuvo fuerte, no entendiendo, no creyendo, no asumiendo, pero en el final, se hizo la luz, y comprendió el porqué de todas y cada una de las pruebas que esa vida le había puesto en el camino.

     Quiso, pensó que el amor había tocado su puerta, pero la ilusión se rompía pronto, ese querer no era más que una huida, hacia adelante siempre, pero no dejaba de ser eso, una huida hacia ningún sitio, un aferrarse a un vagón que, irremediablemente, acababa en vía muerta, o peor, llevaba a un sitio no deseado, no buscado, no querido. Pero se entregó siempre con la grandeza de corazón que le caracterizaba, ahora lo veía claro, a pesar de todo, intentó hacer valer esa nobleza, esa grandeza de alma que tenía, y quería, por bandera. Pero se equivocó al intentar encontrar lo que no "llevaba en el bolsillo" y así su vida se trastocó en un ir y venir sin sentido, en un querer y no poder y en un irremisible adiós al final, ese final que estaba tan cerca...

     Pero cual púgil experto, supo y quiso encajar todos los golpes que la vida le daba, a veces con estilo, a veces de no tan buenas formas, pero nunca con afán dañino, su corazón le impedía golpear, lanzar directos, hacer daño a conciencia, esa misma que le "decía" una y otra vez que no viviría con tranquilidad y, por supuesto, era un pensamiento que nunca pasaba por la mente de Luis, es más, le repugnaba simplemente el hecho de intuirlo o mencionarlo. Pero los golpes, los directos venían, llegaban, azotaban el cuerpo y, sobre todo, su espíritu; no le importaba y no era porque no le dolieran, alguno de esos directos le hizo tambalear su frágil corazón, fracturado por la huella del pasado...

     Las notas sonaban nítidas en su cabeza, se preparaba para afrontar serenamente el desenlace, cada vez más consciente de lo que era, cual era el desenlace previsto, de que manera llegaría, aun no lo sabía, pero resonaban en su cabeza los acordes, limpios, netos que le recordaba, momento a momento que estaba por llegar, que lo tenía en el horizonte y no le asustaba, pues había iluminado con su presencia aun a aquellos que no querían, que no lo valoraban, que no le importaba, él había sido así. Había hecho todo como pensaba, como creía, como interpretaba que era lo correcto...

     Y lo hizo a su manera.

Autor: Julio Amigo Quesada

6 de septiembre de 2013

NO DEJES DE VOLAR



Veo tus alas siempre extendidas, acompañándome y sirviéndome de guía en todo momento. Me dan sombra y fuerza a un tiempo. Elegantes y majestuosas, te permiten volar tan alto como tú quieres pero, además, hacen que yo mismo lo haga contigo. Imponentes, poderosas, inmunes a la fatiga, puedo verlas con nitidez cuando estás en pleno vuelo y, con tanta grandiosidad, te elevas más y más hasta casi desaparecer en ese hermosísimo cielo que te enmarca y que no hace sino realzar tu seguridad y tu magnetismo.


Incluso a pesar de la insalvable distancia que nos separa, no dejo de seguir tu vuelo con la mirada, indiferente a la lejanía y sin dejarme vencer en ningún momento por el cansancio. Ésa ha sido una de las enseñanzas, quizá la más grande: Persevera, persigue, sueña, vuela. Sé bien que aquella inconfundible figura que se recorta en el horizonte y que intuyo a lo lejos eres tú. Por mucho que te alejes, por muy alto que vueles, sigo viendo esas alas, sigo viendo tus movimientos armoniosos, con gracia, con arte, como corresponde a quien conoce su destino a la perfección a pesar de tantos obligados desvíos.


Cuando al caer la noche dejes de volar para tu merecido descanso, no las pliegues. Déjalas extendidas a la vista de todos, para que sepan de tu fuerza, de tu orgullo, de que, aun en el momento del reposo, estás siempre en condición de partir si así la vida lo requiere, si así te lo piden.


Todos se han maravillado contemplado ese vuelo, esas alas, pero nadie te ha ofrecido el merecido lugar en el que poder desplegarlas. Vagas excusas, explicaciones vacías de contenido, imposibles sin sentido alguno. A todos ellos, a todos, has hecho callar del único modo en que sabes hacerlo: Siguiendo con tu vuelo.


Oteando el inabarcable horizonte que desde tu privilegiada atalaya puedes contemplar, sufres en silencio tanto desprecio, tanto desaire, tanto rechazo a todo tu esfuerzo. Y sigues buscando, con paciencia, sin el mínimo atisbo de duda, incansable, porque sabes a ciencia cierta que aparecerá, y que, cuando lo haga, estarás, sin duda, volando.


Rompe barreras, quiebra voluntades inmovilistas, rechaza prejuicios, haz que todos se den cuenta de que no podrán contigo. La esperanza y la fe en uno mismo son las armas más poderosas que existen y que no había contemplado así en nadie hasta que te vi alzar el vuelo en el medio de mi camino.


Ignórales a todos. Enséñales lo fuerte que eres. Muéstrales las cicatrices, cada una de ellas por cada ocasión en la que te cerraron la puerta que te llevaba a un cielo más abierto, más azul, más brillante, más luminoso. Demuéstrales que, cuantos más obstáculos pongan en tu camino, más y más alto volarás.


Ahora que estás tan lejos ya, ahora que ya tan solo alcanzo a ver difícilmente tu silueta, es cuando más me gusta contemplar tu vuelo, es cuando más alto deseo verte, es cuando, a pesar del dolor, más quiero admirar tus alas, es cuando más disfruto viendo cómo no dejas de volar.




Para ti, por hacerme sentir cada día tan afortunado, por haberme enseñado a volar y por llevarme contigo en tus vuelos.
No dejes nunca que nada ni nadie limite tu propio vuelo.
Gracias.



 




Al

¿No es verdad ángel de amor...?


4 de septiembre de 2013

Mi efimera amistad

Decididamente, es cierto el dicho "uno no le da importancia a algo, hasta que ese algo no esta".

Un día descubres que sales a la calle, liberado de tus responsabilidades, y con el animo de pasar una tarde divertida.

No te das cuenta hasta que llevas unos minutos andando, que deberías pensar en que dedicar este tiempo de libertad. No  es que uno este obligado a tener que hacer, si no más bien es la elección de lo que tienes ganas de hacer.

Entonces decides llamar a un par de amigos, para descubrir que no tienen la misma libertad que tu, y que tu lista de amigos no pasa más allá de dos amigos.

Dos amigos.... ¡¡¡Vaya!!!

En fin, sales a pasear por la calle, acabas en el centro de la ciudad, y no dejas de darle vueltas al asunto...

Y no es que no valore este tiempo precioso para estar conmigo mismo... pero,... No, no era esto lo que te apetecía...

Quería dar una vuelta con alguien, saber de su vida, hablar de la mía, reírnos de pequeñas complicidades, y disfrutar de la compañía del uno del otro.

Me pregunto en que momento perdí a estas personas. Y por que después de todo este tiempo, de todos aquellos que han pasado por mi vida, ninguno permanece persistentemente en ella.

También me pregunto por mi actitud frente a ellos, me veo como el "pesadito" que siempre estaba pendiente de todo, dando tiempo y dedicación, pero sin reproches, solo enunciando evidencias... En fin... al final uno siempre esta solo consigo mismo... ¿No?

3 de septiembre de 2013

Ando perdida y... siento nauseas.














Me siento perdida. Miro y siento nauseas, no quiero mirar. Todo aquello que parecía sólido parece fundirse en un remolino, donde no hay nada claro, donde no se ve nada.

Siento que depende de mi. Siento que está en mi mano. Siento el peso de la responsabilidad. Pero paso día tras día intentando no pensar.

Por primera vez, siento las ganas de posponer mi vuelta. ¿Por pereza? No, miedo. Miedo a enfrentarme a lo que llega. Al torbellino. Pensamientos. Pensamiento que por primera vez no brotan. Ni los busco. Los rehuyo.

Leo y no pienso. No quiero adentrarme en el fondo de mi ser, para encontrarme con los sentimientos. No, si me mantengo en la superficie no pensaré. No sentiré.

24 de agosto de 2013

LA HISTORIA QUE NUNCA OCURRIÓ



Veo cómo tus párpados empiezan a moverse, más despacio al principio, con suavidad. Disfruto mirándote, como cada mañana, comprobando cómo todavía no eres capaz de vencer al sueño. Esos momentos previos al despertar en que no eres todavía plenamente consciente y vas, dulcemente, dejando el mundo de las irrealidades y adentrándote en el mundo de los sueños, nuestros sueños.



Intento cada día no perdérmelo. Nos ha costado demasiado llegar hasta aquí como para no darle el valor que merece. Lucho por estar presente en este momento para seguir saboreando el instante, para recoger esa primera mirada, esa primera luz que me iluminará y me dará fuerzas toda la jornada que empieza.



Todo gracias a aquella noche, la noche de las almas abiertas, la noche a la que siguieron tantos otros días y tantas otras noches, llenos todos ellos de palabras cargadas de emociones, llenas de sueños irrealizables en un principio y posibles poco a poco. ¿Cómo podríamos olvidarlo? De la nada más absoluta tenemos hoy un todo, un universo completo para ti y para mí. De un nosotros imposible a un siempre contigo. Y aun cuando llegamos tan llenos de heridas, fuimos capaces de cerrarlas, creando, lentamente y a partir de cada una de nuestras cicatrices, un punto de unión y de partida, un inicio.



Observo cómo, dulcemente, empiezas a moverte, sin brusquedades, como participando en una obra de teatro en la que yo soy el único espectador, preparándote, al mismo tiempo y paso a paso, para el inicio de la nueva etapa que comienza, del nuevo sueño. Pareces sonreír, como si supieses que te estoy observando y me estuvieses concediendo el placer de hacerlo. Para mí, tan solo para mí.



Revoloteos de mariposas. Eso me recuerda cada movimiento de tus larguísimas pestañas. No consigues todavía que dejen paso a la luz de este nuevo día. Tus párpados pesan todavía demasiado como para empezar a volar.



Ilusionado, sigo esperando, sin dejar de mirarte, sin prisa alguna. Es mi premio, aquél que tanto he soñado y que has decidido compartir conmigo. Tan irrealizable parecía y estamos aquí, ahora, porque quisimos volar juntos. No quiero moverme, no quiero despertarte, sino tan solo mirarte, tan cercana e indefensa, tan irreal y, a pesar de ello, irradiando tanta luz y seguridad incluso en este momento.



Te sigo con la mirada sin dejar de sonreír. No puedo evitarlo. Puedo ver tanta dulzura que no consigo dominar la felicidad que me embarga. Estás viniendo hacia mí, un día más, después de tanto tiempo.



Al fin, abres los ojos. Tu mirada, tan profunda, limpia e intensa como siempre ha sido, como el primer día. Me miras fijamente, me sonríes. Te acaricio las mejillas e intento colocarte tu pelo revuelto. No nos hacen falta palabras. Tan solo asentimos y sonreímos, sin dejar de mirarnos. Felicidad y complicidad absolutas. Y todo gracias a aquel día, a aquella locura que nos empeñamos en vivir.








 Al
 
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